Para los padres cuyos hijos han abandonado la fe

Tal vez se pregunte qué salió mal.¿Fallamos en nuestra enseñanza?¿Fallamos en nuestro ejemplo?¿Deberíamos haber sumergido a nuestro hijo o hija en un programa diferente, habernos mudado a una iglesia diferente o haber optado por una escuela diferente?

Una de las cargas más pesadas que puede soportar un padre creyente es cuando un hijo o hija abandona la fe que una vez profesó. Sucede. Y cuando lo haga, tal vez se pregunte que salió mal.¿Fallamos en nuestra enseñanza?¿Fallamos en nuestro ejemplo?¿Deberíamos haber sumergido a nuestro hijo o hija en un programa diferente, habernos mudado a una iglesia diferente o haber optado por una escuela diferente? El ‘qué pasa si’ y el ‘si solo’ nunca terminan.

La historia de Judas te ayudará con estas preguntas

Judas caminó con Jesús por tres años. Vio la vida más grandiosa que jamás se haya vivido cercana y personal, y fue discipulado por el Señor Jesucristo mismo. Judas conocía la enseñanza de Jesús. Había escuchado el Sermón del Monte por lo que sabía que hay un camino angosto que conduce a la vida y un camino ancho que conduce a la destrucción.

Y Judas fue un testigo directo de los milagros de Jesús. Cuando Cristo calmó la tormenta, Judas estaba en el bote. Cuando alimentó a los 5,000, Judas distribuyó los panes y los peces, y cuando nuestro Señor resucitó a Lázaro de entre los muertos, Judas fue testigo de su poder divino.

Con sus propios oídos, Judas escuchó las mejores enseñanzas. Con sus propios ojos, vio la evidencia más clara. En su propia vida, tuvo el mejor ejemplo, y sin embargo, este hombre aún se alejó de la fe que una vez profesó. La mejor enseñanza, el mejor ejemplo y la evidencia más convincente no pueden, en sí mismos, cambiar el corazón humano.

Esperanza en Historias Bíblicas de Transformación

Si te encuentras afligido por un hijo o hija rebelde, no estás solo. Los primeros padres del mundo conocían este dolor. El primer hijo que nació en el mundo “se alejó de la presencia del Señor” (Génesis 4:16).

Isaac y Rebeca conocieron la misma tristeza por Esaú, que eligieron un camino de indulgencia sexual y nunca se arrepintieron (Hebreos 12: 16-17), y mientras David tenía gran gozo sobre Salomón, su hijo rebelde Absalón le rompió el corazón (2 Samuel 18: 33).

Los padres con dolor necesitan consuelo, aliento y esperanza, y podemos encontrarlos en dos de las historias bíblicas más conocidas.

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